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Muy cerca de Estella-Lizarra, a 3 kilómetros de Abárzuza, entre los verdes valles que forman las montañas de Yerri se levanta el monasterio de Irantzu que cumple perfectamente las condiciones que dirigieron su construcción “en el fondo de un valle cerrado, cerca de un río en el que el agua fluya generosamente y, como horizonte, el cielo para estar más cerca de Dios”. Los monjes cistercienses se establecieron en este cenobio en 1176 y aunque durante la Desamortización de 1835 permanecieron protegidos por los carlistas, en 1839 tuvieron que abandonar el monasterio que pasó a ser propiedad del Estado.

La entrada al recinto da acceso directo al claustro gótico construido entre los siglos XII al XIV, lo cual explica la variedad de estilos, desde las galerías de medio punto de la zona más primitiva, a los arcos apuntados con trilóbulos interiores y ojos de buey de elaborada tracería, propios de un gótico pleno. Desde el claustro, que conserva el lavatorio gótico con una original fuente hexagonal, se accede a la mayoría de las dependencias del conjunto.